sábado, agosto 20, 2011

Blog: "Por una Historia comprometida...".


Durante los años 2006 al 2008 participé en el Preuniversitario Popular Redención. Hoy, lamentablemente, esa instancia comunitaria no existe. De allí nacieron dos blogs: uno del preuniversitario y otro de la asignatura de Historia y Ciencias Sociales de la cual fui monitor. Posteriormente, he sido ayudante de distintas cátedras en la universidad, desde el 2008 a la actualidad. De allí también surgieron distintos espacios virtuales, algunos que existen aún. Pero, a fines del año pasado decidí crear un blog donde se fundieran en una mejor amalgama todos esos espacios virtuales del pasado. Y poco a poco he logrado subir toda la información que había en esos espacios.

Es así como nace “Por una Historia comprometida…”. El blog es definido de la siguiente manera:

“Por una Historia comprometida…” es un blog en el que se funden Historiografía, Memoria y Política, proveyendo una serie de artículos, libros, documentos, ensayos, ponencias, entre otros, los que tienen una finalidad socializadora: profundizar y enriquecer el debate, propugnando, vívidamente, el cambio social.

Los invito a visitar este nuevo espacio virtual. Lo pueden hacer pinchando aquí.

Luis.

Pensando en voz alta sobre "Los archivos del Cardenal".

Hace un par de años atrás, Canal 13 puso en la pantalla la serie Los 80, la que, sin dudas, fue un éxito en sintonía. A propósito de ella hubo muchas conversaciones, motivados por los recuerdos y emociones de quienes vivimos en esa década. Fue una serie que hizo que hombres y mujeres, en el seno de sus hogares, se sentaran juntos frente a un televisor. Si bien es cierto, durante toda la serie hubo alusiones a lo político, el año pasado dicho contenido se explicitó, poniendo en escena la militancia activa de un joven frentista, Gabriel, quien tiene una relación sentimental con Claudia Herrera (Loreto Aravena). De hecho, Gabriel (Mario Horton) en el capítulo final de la temporada, fue sorprendido por un operativo de la CNI del cual sobrevive ajusticiando a uno de los integrantes del aparato represor. Claudia tiene que pasar a la clandestinidad. Final abierto. Final que dejó varias cosas en la palestra. Entre ellas, el poder performativo del lenguaje fílmico. Gabriel era un joven apuesto a quien nadie que veía la serie esperaba que muriera. Era algo así como “el jovencito de la película”. Eso rebota en la causa. Porque probablemente muchos televidentes, que anhelaban que Gabriel sobreviviera no estuvieron y/o no están de acuerdo con la causa propiciada por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Pero de una u otra forma, dicha causa política era legitimida en la figura de Gabriel. Su disparo ajustició, no asesinó.

Televisión Nacional de Chile, siguiendo el camino trazado por la serie Los 80, captando a su “público cautivo”, pone en escena la serie Los archivos del Cardenal. Desde que comenzó a publicitarse impactó a los televidentes. De hecho, en la hora convulsa que atravesamos socialmente, varios, que estaban en veredas lisas y cómodas durante el período dictatorial sacaron sus voces para señalar su molestia frente a esta representación. El senador Carlos Larraín, de Renovación Nacional, en las semanas previas al estreno televisivo de la serie señaló: la serie toma hechos que ocurrieron exactamente hace 40 años, pero que tiene connotación política evidente; la izquierda como víctima, y eso es lo que le da pábulo para actuar en política con cierto sentido de superioridad” (1). Las palabras del senador resultan ser una publicidad a la inversa para la serie, precisamente por su “connotación política evidente”. El problema es que los medios televisivos, todos los días, transmiten una serie de programas con contenidos que no tienen “connotación política evidente”, para gran parte del público seducido por la imagen o por rostros que para muchos son creíbles. Esto hace recordar lo señalado por Pierre Bourdieu quien señaló que La televisión es un universo en el que se tiene la impresión de que los agentes sociales, por más que aparenten importancia, libertad, autonomía, e incluso a veces gocen de un aura extraordinaria (basta con leer las revistas de televisión), son títeres de unas exigencias que hay que describir, de una estructura que hay que liberar de su ganga y sacar a la luz” (2). Es ese contenido menos evidente el peligroso, en tanto se presenta como la verdad y no como una interpretación de la realidad.

Los archivos del Cardenal explícita el contenido político. Las imágenes, los conceptos, la música, todo el constructo escénico nos hace saber qué veremos antes de que la serie sea estrenada. Tal vez no conozcamos la trama de la obra de ficción, pero conocemos el tramado histórico en el cual subyace. De hecho, en el primer capítulo nos encontramos con el caso de los “Hornos de Lonquén”, en el cual se encontraron los restos de quince hombres entre 15 y 51 años. En las imágenes del próximo capítulo se muestra la expropiación de la bandera chilena con la que se juró la independencia, acto político realizado por el MIR.

Si me pidieran sintetizar en dos conceptos el primer capítulo de la serie, tendría que decir: víctima y miedo. No es la víctima conceptualizada por Larraín, sino más bien, es la víctima de la tortura, el asesinato, la desaparición. Y es que la Vicaría de la Solidaridad fue clave a la hora de impulsar la defensa contra las violaciones a los Derechos Humanos. La víctima, en sí misma, es humana, lo que le escinde de su militancia política. Como humano no debió sufrir los rigores de la dictadura. Claramente, se debe reconocer la tarea de las iglesias, sobre todo de la Iglesia Católica, que oficialmente no se puso del lado del gobierno (como en el caso argentino, por ejemplo), defendiendo a los que sufren, la búsqueda del establecimiento de “verdad y justicia” (ambos ideales bíblicos) y, además, condenando la acción represiva impulsada por el régimen de facto. Esa fue una mano potente alzada en defensa de los familiares de ejecutados, torturados y desaparecidos. ¡Qué duda cabe! Pero si hacemos una mirada crítica a dicho proceso, tenemos que decir que dicha esencialización, centrada en la figura del ser humano, olvida al militante. Como esencialización es ahistórica. Olvida que quienes murieron, fueron torturados o desaparecieron fueron llevados a dicha situación de manera forzosa por encarnar al enemigo interno, ése que atentaba contra el orden establecido por la clase dominante. Lo que, en otras palabras, olvida o deja en segundo plano, el proyecto histórico que buscaban concretizar. Y es que no podemos ponerle palabras al dolor, representado genialmente por Los archivos del Cardenal, pero si algo estaba “lleno de palabras” y de sentido, era la causa y las luchas encabezadas por el movimiento político-social de izquierdas en la larga jornada, que, entre otros logros, llevó a Salvador Allende al gobierno.

Por otro lado, decíamos que en el primer capítulo de la serie nos encontramos con el miedo. Y es el miedo ante la “seriedad de la muerte”. Muchos optaron por el silencio, por cerrar sus ojos y tapar sus oídos para no ver lo que sucedía afuera de sus mundos particulares. El miedo, desde la otra vereda, se ve en el secreto, en el cuidado que se debe tener con la información. Y es que cualquiera puede ser un sapo. Eso queda graficado de manera elocuente en la escena en la que Ramón Sarmiento (Benjamín Vicuña) conversa con su amigo carabinero, que participó en la detención y ejecución de un amigo común, Luis Emilio, nieto de la nana de Ramón. El uniformado le señala que lo último que le dice Luis Emilio fue:“me estai palanqueando”. Y antes de cualquier condena moral (¡participó en el asesinato de su amigo!) le señala a Ramón: “ya no se puede confiar en los amigos”. Ese miedo, construido por la teatralidad terrorista, es, sin duda, la obra más sólida de la dictadura. El miedo traspasa los límites del 11 de marzo de 1990. Actúa como dijera Max Weber: “una cantidad suficiente de bayonetazos en el momento preciso genera la cultura del temor, que dura más tiempo que el bayonetazo”.

Es prematuro establecer juicios sobre la serie Los archivos del Cardenal, luego de ver su primer capítulo, por lo que estas líneas deben ser tenidas como pensamientos en voz alta. Como interrogantes que se dilucidarán cuando conozcamos el tramado en su totalidad. A lo largo de las semanas veremos si a los conceptos de víctima y miedo, se suman las de militancia y proyecto histórico. Por el momento, agradecemos a Televisión Nacional de Chile por poner al aire Los archivos del Cardenal, porque renueva nuestras razones para conversar, reflexionar y debatir sobre nuestro pasado reciente y, porque llega en un momento de nuestra historia en el cual las calles se llenan de gritos y colores, por la emergencia de luchas contra el orden construido por la dictadura, potenciado por los gobiernos de la Concertación y radicalizado y legitimado por el actual gobierno. Es la reflexión sobre nuestro pasado-presente, unida a la acción política y social las que coadyuvan a la destrucción del miedo y nos permiten proyectar un mejor futuro.

Luis Pino Moyano.


(1) “Carlos Larraín pataleó en La Moneda por ‘Los archivos del Cardenal’”. The Clinic. 13 de julio de 2011. Disponible en:http://www.theclinic.cl/2011/07/13/carlos-larrain-pataleo-en-la-moneda-por-los-archivos-del-cardenal/ (revisada el 22 de julio de 2011).

(2) Bourdieu, Pierre. Sobre la televisión. Barcelona, Editorial Anagrama, 1997, p. 53.

viernes, agosto 19, 2011

Haciendo otra lectura de la capucha.


Según el diccionario de la RAE la capucha es una prenda de vestir y un encapuchado es un sujeto asociado a ciertas prácticas religiosas del catolicismo romano en semana santa. Claramente, no es lo que se piensa cuando se escucha esa palabra en los noticieros de televisión. Se piensa en “violentistas”, “desadaptados”, “lumpen” o, en los “infilitrados”, de los cuales algunos, según sabemos hoy por ciertas investigaciones periodísticas, no sólo tienen nombre y apellido, sino también portan una placa.

Mientras veía las noticias, luego de la “marcha de los paraguas” este jueves 18 de agosto de 2011, noté el funcionamiento de la “seguridad” dentro de la columna de los manifestantes. “Hay que mantener el orden”, se decía, continuamente. Y los que aparecieron portando una capucha fueron motejados como “flaites”. No puedo sacarme de la cabeza el grito de uno de los defensores del orden (no hablo de un uniformado): “-¡anda a leer un libro y después hablai de educación!”. ¡Cómo si la educación estuviese asociada sólo a la práctica de la lectura! ¿Es que acaso sólo pueden hablar de educación aquellos que participan del sistema y no aquellos que han sido excluidos de él? ¿No es precisamente una de las peores cosas del actual sistema de educación el hecho de que existan “colegios para pobres” que enseñan poco y nada con la finalidad de re-producir mano de obra obediente y barata? ¿El muchacho que gritó eso pensará que la educación en el actual sistema es un instrumento de ascenso social, olvidando que el sistema neoliberal barrió con el estado benefactor, y lo que hoy asegura ascenso está ligado a la práctica del consumo, por ende al poder de adquisición –real o artificial, mediante tarjetas?

Yo nunca he ocupado una capucha. Cada vez que he marchado o he protestado por algo lo he hecho con mi rostro descubierto. Pero eso no me hace más valiente ni mejor. Soy uno, entre tantos que hemos tomado esa opción. Pero respeto al compañero o compañera que ha optado por tomar una capucha y cubrir su rostro. Y mi respeto está ligado al entendimiento. Entiendo por qué lo hacen. Y las dos razones están asociadas al uso excesivo de la teatralidad represiva de las fuerzas policiales, que por ejemplo cuando salen montados en sus caballos permiten recordar a los militares “palomeando rotos”, como antaño. Ante esa represión se alza una defensa. No todos pensamos en que la correlación de fuerzas en una marcha es totalmente dispar y no hay para qué engrosar las filas del martirologio, sino están aquellos que piensan que hay que defenderse, que hay que luchar contra aquél que te está reprimiendo. Y también es una defensa contra los “disparos” de las cámaras en manos de funcionarios uniformados o de civil que buscan retratarnos a quienes participamos de las movilizaciones. Porque hoy, como ayer, nos tienen a todos identificados. Y algunos ya sea para cuidarse más o, ya sea por miedo, cubren su rostro contra ese ataque que no se siente pero que se ve. Ahora bien, pensándolo bien, sin querer queriendo he estado encapuchado cuando con mi kufiyya o con mi bufanda he tapado mi rostro para protegerme de los gases lacrimógenos. Después del Caso Bombas y las “evidencias” del fiscal Peña, que no hay que olvidar trabaja hoy en el Ministerio del Interior para Hinzpeter, cualquier cosa se puede esperar. Y cuando uno dice cualquier cosa, lo dice literalmente.

Hace un tiempo atrás, leí un texto de la historiadora María Rosaria Stabili sobre el gobierno de Balmaceda (que fue escrito en 1991 a propósito de los cien años de la guerra civil), en el cual concluía que los chilenos portan un pequeño Portales dentro de sí, por más “libertarios” que éstos sean. Si cuando precisamente el actual orden está siendo puesto en cuestión, ¿no es una contradicción cuidar el “orden”? Si para la clase dominante ya marchar por las calles, interrumpiendo el “normal” tráfico vehicular, es un acto de desorden y violencia. Recuerdo a un uniformado diciéndome un día “-Desaloje la vía pública”. No se necesitan encapuchados para ser reprimidos. Como diría Miguel Enríquez a fines de la década de los sesenta: "Sólo la chatura mental y política pueden suponer que las clases dominantes necesiten pretextos para desencadenar la represión: si no los tienen, los inventan". ¿Alguien podría decir que no ha sido así?

Luis Pino Moyano.

lunes, junio 20, 2011

Espías con permiso del gobierno.


Hace unos días atrás la Revista Qué Pasa dio a conocer que el gobierno chileno ha contratado a un vigilante virtual. La finalidad, según las bases de la licitación, es: “contar con un panel de control ejecutivo que permita acceder a información en base a tiempo real, de conceptos seleccionados (ministros, ministerios, autoridades de gobierno, temas específicos) que se repiten en un determinado período de tiempo en internet (menciones) para conocer lo que se dice, opina o menciona de ellos”.

Esta política emerge al interior de la Secretaría de Comunicaciones de La Moneda, SECOM, quien publicó la licitación el día 22 de marzo. Una semana antes de la licitación, el ministro Hinzpeter, ya había informado que el gobierno pesquisaba (habló, eufemísticamente, de monitoreo) los comentarios que se hacen del gobierno en las redes sociales.

Ya tenemos una empresa ganadora de la licitación, la que ya estaría ejecutando su labor: Brandmetric. El contrato fue firmado el 25 de abril, tiene como duración un año, con posibilidad de ser renovado, todo bajo la reguleque cifra de $14.388.000 más IVA.

La revista anteriormente referida, señaló que entre las tareas a realizar por Brandmetric, a nombre del gobierno de Chile, está la generación de un sistema de localización geográfica, una ‘línea de tiempo’ para ver cómo se propagan los temas en las redes sociales y un sistema de almacenamiento de la información ‘en la nube’”. Este sistema tendrá actualizaciones cada 15 minutos[1].

¿Qué pretende el gobierno de Sebastián Piñera con esto? ¿Encontrarse con los comentarios y/o mensajes de apoyo y adhesión? Para eso podría crear una página web o una red social en la cual recibir los comentarios de los partidarios. Obviamente, la intención es controlar. Estamos frente a la sustitución, o quizá, concretización virtual, del panóptico anunciado por Michel Foucault. Estamos, también, frente al Big Brother orwelliano. Este gobierno, que llega al poder por una vía electoral, se comporta como una dictadura para perseguir a quienes se oponen a él. Para tenerlos a todos identificados. Para saber qué escriben, qué piensan. ¿Llegarán, en un tiempo más, a pagar por hackear a los sitios y redes que se oponen a ellos?

¿Pero entenderán nuestra protesta? ¿Entenderán que no queremos una educación que privilegie a los sectores elitarios, sino que por el contrario, un Estado que garantice acceso y posibilidades de permanencia en las universidades a quienes provenimos de los sectores bajos de la sociedad? ¿Entenderán nuestro malestar por el hecho de que para estudiar tengamos que endeudarnos con créditos susceptibles de pago en veinticinco años? ¿Entenderán que no basta con financiar alumnos sino a las universidades en sus tareas de extensión e investigación? ¿Entenderán que queremos romper con los moldes hechos a la medida de la dictadura del asesino Pinochet? ¿Entenderán la protesta del pueblo mapuche, de los mineros, de los ecologistas, de los deudores habitacionales, de los empleados fiscales, de los médicos, de los profesores y un largo etcétera? ¿Creerán que con medidas coactivas como el vigilante virtual detendrán nuestro repudio a un gobierno que garantiza bienestar a unos pocos, mucho más que los gobiernos anteriores? Señor Presidente, señores ministros, señoras ministras: si ustedes creen que pueden manejar el país como una empresa que despide a los funcionarios que no se ajustan al contrato, que, entre otras cosas, controla el acceso de sus empleados a ciertos sitios web, están muy equivocados. Nuestra mente seguirá funcionando y nuestros dedos seguirán pegados al teclado para expresar nuestro repudio a un gobierno que afianza a privados destruyendo pedazo a pedazo universidades estatales y empresas fiscales.

Esta es la nueva forma de gobernar, que con sistemas de vigilancia virtual, de un Estado que paga a privados, buscan generar una nueva forma de delación, “sapeo”, vigilancia, control y dominación.

Es lo nuevo que huele a vinagre…


Luis Pino Moyano.

IP vigilada por SECOM vía Brandmetric.

Que aprendan los noticieros chilenos...


"Visión Siete", noticiero del canal Siete, argentino-público, informando de las movilizaciones estudiantiles en Chile, sin criminalizar la movimientalidad social...

Agradecimientos en mi Tesis...


Comenzaré señalando dos cosas. Siempre que leo un libro leo las páginas en las que los autores presentan sus agradecimientos. Lo hago porque creo que son una parte importante de un texto producido. Por otra parte, esta es la primera vez que hago un trabajo tan extendido y que representa el fin-comienzo de una nueva etapa de mi vida, por lo que quiero expresar mi gratitud a todos quienes, de una u otra manera, me han acompañado en esta larga jornada.

En primer lugar, quiero agradecer a mi amada compañera de vida, mi esposa y compañera políticamente evolucionada, Mónica González García. Mónica, mil gracias por acompañarme en este proceso, por sobre todo, tu amor, tu comprensión, paciencia y fortaleza que permitieron que pudiese, no sólo trabajar, sino también llegar a buen puerto. Como en todo lo que escribo, estás presente en mi mente y en el alma de estas líneas. Contigo aprendo constantemente. Amo vivir y ser contigo. Amo saber que tu compañía se extenderá mucho más allá de este período, llegando incluso a lo que hemos imaginado: a viejitos que aún tienen tema de conversación. Te amo vida mía, porque eres mi amor, mi cómplice y todo, y en la calle codo a codo, somos mucho más que dos (Benedetti).

Quiero expresar mi agradecimiento a mi hijo Miguel Ignacio, porque él tuvo que soportar largas horas sin la compañía de su papá, sin poder entender, a su corta edad, el porqué prefería estar frente a la pantalla del notebook y no acostado y/o jugando con él. A pesar de ello, cada vez que podíamos, al reunirnos, aprovechamos hermosos momentos, en los que su sola sonrisa me llenaba de ánimo y fuerzas.

Quiero agradecer a mi papá, Luis Pino Calderón, a mi mamá, Camila Moyano Berland y a mis hermanos y hermanas, Sergio, Dámaris, Camilo y Abigail, mi familia consanguínea, quienes participaron, directa e indirectamente, de mi formación. Sin ustedes esto tampoco habría sido posible. No puedo dejar pasar esta oportunidad sin decirles que les amo y que gracias a ustedes estoy donde estoy.

Quiero expresar mi agradecimiento a mi abuela, María Graciela Calderón O’Ryan, a quien siempre preferí llamar Mamita Chela, por ser una mujer excepcional, que ayudó en mi crianza y en mis primeras letras, que aceptó y fomentó mis gustos por la lectura y la historia. Por ser la mujer que me enseñó a sonreír a carcajadas. Por escuchar mis opiniones en temas de adultos. Por enseñarme el compromiso absoluto con lo que uno hace. Desde diciembre de 1992 que ya no estás físicamente con nosotros, pero la presencia de tu ausencia, cada día me vuelve más capaz.

Quiero agradecer a mi abuelo, Manuel Pino Parada, mi Tata, quien hoy está dando su particular batalla por la memoria. Por ser el abuelo que buscó satisfacer los más recónditos gustos de su nieto regalón. Por haberme aceptado en su casa, ya más grande, donde vivimos solos casi por tres años, con el ritual del té de la noche y la conversación mientras veíamos las noticias en la medianoche. Gracias Tata, por ese día en el que me llevaste de la mano, con un clavel rojo, para depositarlo en la tumba de Manuel Rodríguez. Gracias, porque contigo aprendí lo que era el socialismo y quién era Salvador Allende. Gracias por ser el primero en apoyar varios de mis locos proyectos. Podrán olvidarse muchas cosas, pero esas no. Gracias por darme la felicidad de haber tomado a mi hijo, tu bisnieto, en tus brazos con una alegría que de sólo pensarlo me emociona. Gracias por ser mi Tata.

Quiero agradecer a mi suegra, Clara García Lira, por ser todo lo contrario a lo que esa expresión con que la nominé representa en el sentido común. Gracias por su cariño, comprensión, apoyo y paciencia. Por quererme y cuidarme como su hijo.

Quiero agradecer a mi cuñado, Mario González García, por su cariño y aprecio, por valorarme. Por sus conversaciones y compañía. Por cada día preguntar cómo iba mi tesis.

Agradezco a Patricia García Lira, tía de Mónica, mi tía por opción, por todo su cariño y preocupación constante. Por ser una mujer comprometida con lo que hace. Por su lealtad a toda prueba. Muchas gracias, también porque gracias a usted, puedo trabajar en este notebook, que fue lo mejor que quedó de un frustrado viaje a tierras lejanas.

Agradezco a la gente de la iglesia que me vio crecer, la Iglesia Pentecostal Naciente, de todas las edades, porque con el ejemplo de muchos de ustedes aprendí que el cristianismo es una cuestión de vivencia más que de apariencia. Quiero agradecer al Departamento Juvenil de dicha organización eclesial por permitirme participar del desarrollo de una Escuela Bíblica Juvenil y del Preuniversitario Popular Redención. Quiero encarnar dicho agradecimiento en la persona de mis amigos y compañeros de mil y una batallas Pablo Vargas Martínez y Cristian Estrada Acevedo, con quienes hemos estado en buenos y malos momentos, con quienes he disfrutado de las cosas simples de la vida, como el conversado café amargo dulzón que hace que nuestras conversaciones se extiendan a lo largo de una noche. Gracias, por ser más que mis amigos: ustedes son mis hermanos. Mucho de lo que aparece en esta tesis, lo conversé con ustedes. Gracias por estar siempre ahí.

Quiero expresar mi agradecimiento y compromiso con la Iglesia Presbiteriana Puente de Vida por habernos recibido como familia. Por apoyarnos en muchos momentos. Por permitirnos crecer con ustedes. Quiero agradecer en especial a Vladimir Pacheco Pereda, por ser mi pastor y mi amigo, por las conversaciones que versan de teología, libros y política como por aquellas que dan cuenta de lo sencillo de la vida y porque junto a su esposa, Anita, nos han entregado un respaldo gigantesco. Gracias a Luis Valle y Silvia Villarroel, por el compromiso, cariño, apoyo y enseñanzas que han ido de lo intangible a lo concreto. Gracias a Daniel Rubilar por la amistad, por las constantes conversaciones, por la confianza. Gracias a Carlos Parada, que se viene integrando a Puente de Vida, y que estaba haciendo su tesis sobre Cristianos por el Socialismo y con el que pude conversar una semana antes de entregar mi tesis, sobre estos temas. Él se lleva los créditos de uno de de los subtítulos. Gracias a todos quienes componen esa hermosa comunidad, que es, sin dudas, un oasis en medio del desierto, un espacio, como dice su lema, de acogida, espiritualidad y servicio, en el que todos somos iguales, donde no hay más iguales que otros. Gracias por enseñar y mostrar a Cristo con sus vidas.

Quiero agradecer a mis compañeros en la Universidad, Daniel Canto Molina, Claudio Alvarado Lincopi, Miguel Gutiérrez y José Miguel Sanhueza, con quienes compartimos largas conversaciones, en las que muchos de nuestros planteamientos y convicciones se vieron reforzadas o reconfiguradas, acompañados de nuestra ración de té y pan surgida de nuestros escuálidos bolsillos (aunque son memoriosos esos almuerzos en La Vega, en el Wonder Bar, las andanzas en el Rincón de los Canallas, en La Piojera o en el Cacho’s). Gracias compañeros, porque con ustedes hicimos escuela, más allá de lo que asignaban nuestras obligaciones respecto a mallas y programas. Una de esas labores, realizada con otros compañeros y compañeras a lo largo del tiempo, fueron las tres Jornadas de Estudiantes de Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, un espacio en el que hemos dialogado y debatido sobre nuestras incipientes investigaciones junto a compañeros y compañeras de otras universidades y docentes que han asistido a presentar sus ponencias.

Quiero agradecer a mi compañera y amiga María José Reyes Larraín, por las largas conversaciones y por los sueños de escritura conjunta que quizás se darán algún día. Porque a pesar de no entender aún tu decisión de dejar este camino, sé que aún no tenemos distancias.

Agradecer también al Núcleo Temático de Investigación “Historiografía Chilena”, dirigido por las profesoras Ana López Dietz y Paula Raposo Quintana en el que participamos junto a Melissa Figueroa, Daniel Canto, Claudio Alvarado, Miguel Gutiérrez y José Miguel Sanhueza. Junto a ellos hemos conformado un muy buen espacio de reflexión y discusión, en esta etapa sobre la historiografía marxista en Chile, que ha servido para potenciar y fortalecer algunos de los argumentos presentados en esta tesis. Mucho de lo expresado en el Capítulo II de esta investigación nace a partir de reflexiones realizadas en torno a los temas del NTI.

Quiero agradecer a la Escuela de Historia de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano por ser un excelente espacio de formación y estudio. Por darnos el privilegio de tener clases con profesores y profesoras como Leopoldo Benavides Navarro, Nancy Nicholls, Igor Goicovic, Kathya Araujo, Isabel Cassigoli, Patricio Quiroga. Mención especial merecen el profesor Milton Godoy Orellana, por las múltiples conversaciones y discusiones, por el excelente terreno de Historia Regional, por la confianza no exenta de crítica y por ser el que más hizo en relación al fallido viaje a Francia; al profesor Hugo Contreras Cruces, por las conversaciones y por su solidaridad increíble; al profesor Manuel Fernández Gaete, por la escucha y la crítica sobre los temas de la historia reciente, sobre todo los que tienen que ver con esta tesis, que se vio fortalecida por sus comentarios; al profesor Miguel Valderrama por enseñarnos que el aprendizaje no necesariamente debe darse bajo estructuras de dominación y por su solidaridad sin límites. Dejo a tres profesoras en párrafos aparte, porque los motivos de agradecimiento exceden a los límites de este punto.

Agradezco a Ana López Dietz, ex compañera de la primera generación de la escuela, hoy profesora, quien siempre tuvo tiempo para conversar de lo académico-político y de la cotidianeidad. Gracias Ana por ser dialécticamente rigurosa y abierta de mente.

Mi más profundo agradecimiento a la profesora Paula Raposo Quintana, por ser una de las mejores profesoras de esta escuela, por su esfuerzo en hacer relucir lo mejor de nosotros mismos, por su crítica certera, por las conversaciones, porque a veces simplemente escuchó, por su preocupación que iba desde lo académico a lo cotidiano, por ende de lo intangible a lo concreto. Son tantas las cosas que pienso en este momento por agradecer, pero las quiero sintetizar en su sinceridad. Me encanta conversar con usted, precisamente porque sé que lo que usted opina en privado lo opina en público, que no tiene dos caras. Eso, en estos tiempos en los que otras prácticas son las que priman, la hace más valorable aún. Más allá de que hoy esté a un paso de ser su colega, usted seguirá siendo mi maestra.

Fundamentalmente agradecer a la profesora Cristina Moyano Barahona, mi profesora guía de tesis. Sus comentarios, apreciaciones y críticas hicieron que esta tesis resultara ser mil veces mejor que lo que se proyectaba originalmente. Gracias por darme un amplio margen de libertad en el proceso investigativo y en la escritura. Pero no solamente quiero agradecer por este período de tesis, sino por lo que antecede y trasciende a este período. Usted fue mi profesora en primer año y desde ahí siento un respeto y admiración profunda a su labor como historiadora, a su rigor académico y metodológico, a su forma de hacer clases. Por ende, su formación ha traspasado los límites de los contenidos y materias, al plano práctico de la investigación y la docencia. Pero mucho más aún, muchas gracias, porque ya no siendo mi profesora me recibió en su oficina en IDEA para conversar. Conversaciones que, ayer como hoy, van de lo académico, lo político-contingente a lo simple y cotidiano. Gracias, porque siendo teniendo todo el mérito académico nunca he sentido que se comporte como “diva del saber” y/o rockstar. Virtud que va acompañada de una honestidad tremenda. Para usted, sólo palabras de admiración, de quien más allá de este proceso la seguirá viendo como su alumno.

Quiero agradecer a los otros espacios en los que he sido formado. Al Instituto Bíblico Nacional, donde hice mis primeras armas en el estudio de la Teología. A los profesores de la Universidad Arturo Prat, Mario Fuentes Bizama y Héctor Fuentes Mancilla porque gracias a ellos me sumergí en el pensamiento crítico, gracias a que sembraron la sospecha. Al Seminario Teológico Presbiteriano José Manuel Ibáñez Guzmán, por ser el espacio donde retomé mi formación y diálogo teológico. Sobre todo mi agradecimiento al profesor Oswaldo Fernández Giles, porque en sus clases de Teología en América Latina he podido resignificar algunos elementos conceptuales que aparecen en esta tesis.

Dejo para el final, por ser el más importante de los agradecimientos, a Jesucristo, Redentor, Rey, Profeta y Sacerdote, el humilde Carpintero de Galilea, por trazar el camino por los que mis pies avanzan y en el que mi mente y corazón viven la felicidad.

Cada uno de ustedes, directa e indirectamente, ha sido fundamental en la realización de esta tesis, por lo tanto, responsables de ella. Sólo les libro de los errores, omisiones y arbitrios de la memoria que mi escritura pudiese conllevar.

A todos y todas ustedes, mil gracias…

Luis Pino Moyano.

San Bernardo, otoño de 2011.